lunes, diciembre 14, 2015

ANNA AJMÁTOVA Poemas


  ANNA   AJMÁTOVA
(1888-1966)
Poemas
                                                                   






Hija de un oficial de la marina rusa, fue educada en un Instituto de niñas aristocráticas.
   Se casó con Nikolai Gumilev en 1910, y viajaron juntos por Europa.
   Sus primeras obras se publicaron en París, aquel mismo año, en una colección dirigida por Gumilev. Perteneció por un tiempo al grupo “acmeísta”, cuyo jefe y fundador fue también Gumilev, pero más tarde se apartó del grupo para seguir las tradiciones clásicas de la poesía rusa.
   Poco después de la ejecución de Gumilev, en 1921, calló su lira.
   El terror de los años 1936-38 le quitó a su único hijo.
   Durante la segunda guerra mundial publicó una pequeña colección de poemas, pero en 1946 su poesía fue proscripta por el Comité Central del Partido.
   Fue expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos y su poesía fue proclamada “dañosa para la juventud”.


LA   CANCIÓN   DE   LA   ÚLTIMA   CITA


   Se enfriaba, desvalido, mi pecho,
pero eran ligeros mis pasos.
Me puse en la mano derecha
el guante de la mano izquierda.

   ¡Me pareció que había muchos peldaños
aunque sabía que eran sólo tres!
Un murmullo otoñal entre los arces
me pidió: “¡Muere conmigo!
  
   ¡Oye: una suerte penosa,
inconstante y mala me engañó!”
Le contesté: “¡Querido mío:
a mí también. Contigo moriré!”

   Esta es la canción de la última cita.
Eché una mirada a la casa sombría.
Tan sólo en la alcoba ardían las velas
con una llama indiferente y mustia.

(“La Noche”, 1912)


...

   Crispó las manos bajo el velo negro...
“¿Por qué te ves tan pálida?”
—Porque lo colmé de amarga tristeza hasta embriagarlo.
¿Cómo podré olvidar? Salió vacilante,
los labios retorcidos de dolor...
Bajé las escaleras sin tocar las barandas,
corrí tras él hasta la reja.
Le grité sin aliento: “¡Burla fue todo lo dicho!
Si te vas, me moriré”.
Sonrió con pavorosa tranquilidad
y me dijo: “No te quedes afuera,
el viento te hará mal”.

(“La Noche”, 1912)


...

   No confundirás la ternura real
con nada. Es silenciosa.
En vano cubres solícito
mis hombros con una piel.
En vano hablas con palabras sumisas
del primer amor.
¡Cómo conozco yo esta mirada tuya,
ávida y tenaz!

(“El Rosario”, 1914)


...

   Pensabas que yo era como aquella,
que te sería posible olvidarme,
que me arrojaría sollozando
bajo los cascos de tu corcel.

   Que pediría a las curanderas
cualquier raíz en agua maléfica,
y te enviaría un regalo temible:
mi favorito pañuelo fragante.

   Maldito seas: Ni un gemido, ni una mirada

conmovería tu alma de roca.
Pero te juro yo por el Paraíso,
por la milagrosa imagen santa
y por el ardor de nuestras noches,
que nunca volveré a ti...

(“Anno domini”, 1916-1922)


19   DE   JULIO   DE   1914 (1)

   Envejecimos cien años
aunque esto sucedió sólo en una hora.
Se terminaba ya el corto verano;
humeaban las llanuras labradas.

   De repente se abigarró el camino quieto;
voló el llanto como un toque de plata.
Cubriéndome el rostro supliqué a Dios
que me matase antes de la primera batalla.

   Desaparecieron las sombras de goces y pasiones
de la memoria, como una carga inútil.
Y una vez vacía, el Señor le ordenó
convertirse en un libro de noticias terribles.

(1) El comienzo de la primera guerra mundial (N. de la T.)

(“La bandada blanca”, 1916-1922)


ORACIÓN

   “Dame años amargos de enfermedad,
de insomnio y de fiebre.
Quítame a mi niño y a mi amigo
y el don misterioso de cantar”—

   Así Te ruego, mi Dios, ante el altar,
que después de tantos penosos días,
el nubarrón que cubre el cielo de mi Rusia
se cambie en nube clara y en rayos de luz.

(“La bandada blanca”, 1916-1922)


...

   Siempre estás misterioso y nuevo
y te obedezco cada día más.
Pero tu amor es como una prueba
de fuego y hierro, mi amigo cruel.

   Me prohibes cantar y sonreír
y hace tiempo que no rezo ya.
¡Yo sólo quiero que no nos separemos:
lo demás es igual!

   Así vivo, ajena a la tierra y a los cielos,
y ya no canto más,
como si infierno y paraíso no existieran
para mi alma ya.

(“El plantén”, 1916-1922)


VALOR

Sabemos lo que hoy queda en la balanza
y lo que pasa hoy.
Nuestro reloj dio la hora del valor
y el valor no nos dejará.
No nos asusta caer bajo las balas.
No es amargo quedarnos sin abrigo.
Mas te conservaremos, lengua rusa,
gran palabra rusa...
Te llevaremos, libre y pura,
y te daremos a los nietos,
y te salvaremos de la cautividad
para siempre...

(1942)






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